También el Corán habla reiteradamente de los ángeles, nuevamente como unos seres celestiales que viven en un paraíso o mundo divino. Posee igualmente numerosos ángeles que son descritos someramente en sus páginas, aunque hay cinco de especial significado y poder:


- Jibrail o Gabriel, quien proporcionó el Corán a los humanos.
- Israfil, el encargado de llamar con su trompeta a las almas para congregarlas en el Juicio Final.
- Israil, portador del mensaje de muerte.
- Mikal o Miguel, mensajero e intermediario entre la divinidad y los hombres.
- Iblis, el ángel perverso que al igual que Satanás se rebeló contra Dios y no quiso rendir pleitesía a Adán y Eva en el Jardín del Edén. Está condenado por ello al Infierno.


A este último el Corán nos lo describe como el causante de la desgracia del ser humano, cuando consiguió que Adán y Eva fueran expulsados del Paraíso, aunque en este caso la culpa recae exclusivamente sobre él y no sobre los hombres que no arrastran ningún pecado original, tal y como dice la religión cristiana.
Iblis es un Jinn, un ángel que ahora es el encargado de dirigir el Infierno hasta el día del Juicio Final, lugar que de algún modo es obra de Dios, pues debe existir un sitio para que los pecadores paguen sus culpas. Por eso, al final de los tiempos es posible que el Diablo haya pagado ya su culpa y retorne al Cielo junto a Dios. De cualquier manera, mientras esto ocurre, su misión es tentar y equivocar a los seres humanos para apartarles de Dios y llevárselos con él al Infierno. Una de sus intenciones es convencer a las personas sobre la divinidad de Mahoma y de Alá, aunque los textos del Shahadah lo dejan bien claro: no hay más Dios que Alá y Mahoma es su mensajero. Otros textos místicos, como es el caso del Zend Avesta, nos habla igualmente de unos seres con forma humana pero dotados de alas que ayudan a Dios, aunque solamente describen a ocho. Es posible que sean los mismos que figuran descritos como «los inmortales» y que son:
Asha
Aunque se le representa rodeado por el fuego, en realidad otorga los valores morales a los humanos y controla el orden universal, evitando el caos.


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