Posesión maligna
Durante la vida de Cristo y después de Él, Dios permitió una mayor libertad de trabajo a Satanás y sus ángeles. Dejó a los demonios poseer a las personas, aunque ya sabemos que se clasificó erróneamente como poseídas a personas locas y a mujeres jóvenes que gustaban de los placeres del sexo. Las posesiones demoníacas reales a veces afectaban al cuerpo, otras a la mente, y a veces a cuerpo y mente.
Después llegaron los exorcistas, quienes si no conseguían expulsar al demonio de esos infelices, recomendaban encerrarles de por vida o, simplemente, sacrificarles «por su bien». Sin embargo, en los últimos años hemos asistido a una disminución en las posesiones demoníacas. O los exorcistas han trabajado duro y bien, o los demonios han escogido otros cuerpos menos problemáticos. Parece ser que Dios permitió las posesiones demoníacas para mostrar el alto poder de Satanás con respecto al hombre e incluso a los ángeles, algo que ya había mencionado Jesús cuando hablaba con los fariseos.
Los milagros eran la confirmación temporal, provisional y nunca algo natural de la Palabra de Dios y una vez que esto había sido cumplido y se estableció el poder de Dios encima de Satanás en las Sagradas Escrituras, los milagros cesaron, e incluso la mayoría de las posesiones del Demonio. Hoy Satanás no ha podido efectuar ninguna nueva posesión, aunque ello no quiere decir que la influencia satánica dentro del mundo no exista. Sin embargo, su poder se ha limitado a ser de naturaleza influyente y sólo puede tentar y sugerir sutilmente.