¿Quiénes son nuestros ángeles guardianes?
«Ningún mal le ocurrirá,
ni la aflicción vendrá a su morada,
pues su Ángel le protegerá.
Dios ha dado esta orden para usted,
para que le guarden en cualquier circunstancia,
para que no se golpee dos veces con la misma piedra.»
Un espíritu celestial es asignado por Dios para cuidar de cada uno de nosotros durante nuestras vidas. El papel del Ángel de la Guarda es para guiarnos hacia los buenos pensamientos, trabajos y palabras, y para preservarnos del mal. Desde el siglo xvi la Iglesia ha celebrado una fiesta el 2 de octubre para honrarlos y el catecismo romano enseña: «La Providencia Divina ha confiado a los ángeles la misión de proteger a todo el linaje humano y asistir a cada uno de los hombres para que no sufran perjuicios». La Sagrada Escritura, pues, testifica que todos los ángeles se hallan al servicio de los hombres. Cada creyente tiene su particular Ángel de la Guarda desde el día de su bautismo, pero según doctrina general de los teólogos, no sólo cada creyente, sino cada hombre, tiene desde el día de su nacimiento ese ángel.
El ángel custodio que ha logrado llevar al Cielo a su protegido queda luego junto a él allí, y con la entrada de su protegido se aumenta en gran manera la gloria y contento del mismo ángel. Sin embargo, los ángeles de la guarda de aquellos que no verán la gloria de Dios y se condenan no se ven privados por ello de ese aumento accidental de gloria. Dios los agrega a los servidores especiales del Príncipe de los ángeles y alaban y cantan con indecible armonía la justicia infinita de Dios. Hemos de tratar al Ángel de la Guarda como a un entrañable amigo. Él está siempre en vela, constantemente dispuesto a prestarnos su concurso, si se lo pedimos, y es una gran pena cuando, por olvido, por tibieza o por ignorancia no nos sentimos acompañados por tan fiel compañero, o no le pedimos ayuda en tantas ocasiones en que la necesitamos. Nunca estamos solos en la tentación o en la dificultad, nuestro ángel nos asiste; estará con nosotros hasta el mismo momento en que abandonemos este mundo. En ese momento nos acompañará ante el tribunal de Dios, como manifiesta la liturgia de la Iglesia en las oraciones para la recomendación del alma en el momento de la muerte.
Por todo ello, además de nuestra amistad, al Ángel de la Guarda le debemos veneración como quien está siempre en la presencia de Dios, contemplándole cara a cara, y, a la vez, junto a nosotros. Indudablemente, es bueno y tranquilizador saber que tenemos un ángel custodio, aunque hay que tenerle confianza y tratarlo como un entrañable amigo, pues de este modo él sabrá hacernos mil servicios en nuestra vida diaria. También deberemos ser conscientes de que nadie, ni siquiera los ángeles y demonios, pueden conocer nuestros más íntimos pensamientos y deseos si nosotros no los manifestamos de alguna manera, pues sólo Dios conoce exactamente lo que hay en nuestro corazón. «Acude a tu ángel custodio a la hora de la prueba, y te amparará contra el demonio y te traerá santas inspiraciones», dice una oración. Los ángeles pueden, no obstante, conocer lo que queremos, o nuestras intenciones, de modo semejante a como los demás hombres lo intuyen por nuestras palabras, gestos, etc. Es de suponer que nos habrán hecho muchos favores que ni siquiera imaginamos. La tradición dice que nos harán más favores si confiamos en ellos.
«No te alcanzará ningún mal,
ninguna plaga se acercará a tu tienda,
porque Él te encomendó a Sus Ángeles
para que te cuiden en todos tus caminos.»
(Salmo 91, 10-11)
Si bien la mayoría de las personas no son concientes de la presencia de este ser protector a su lado, todos tenemos un Ángel de la Guarda personal, asignado especialmente para cuidarnos, protegernos y aconsejarnos, durante toda nuestra vida.
El Ángel de la Guarda hace a su vez de «voz de la conciencia», intentando ayudarnos y guiarnos en nuestro camino de aprendizaje, consolarnos en momentos de tristeza o dificultad, y concedernos nuestros deseos cuando le hacemos algún pedido de forma directa (siempre que sea para bien y no interfiera con el libre albedrío de otras personas).
Nuestros ángeles de la guarda, como las personas, tienen nombre, por lo general más de uno, pero el nombre de nuestro ángel está relacionado con nosotros y tiene que ver con nuestra vibración, nuestro nivel de conciencia y nuestro potencial. Conocer el nombre de nuestro ángel nos permite conectarnos más fácil y directamente con su energía, y acelerar de este modo nuestro crecimiento espiritual.
El procedimiento nos permite, a través de activaciones y repeticiones de sonidos de poder, conectarnos con nuestro Ángel de la Guarda para que nos revele su nombre. Esta energía, que siempre se encuentra a nuestro lado, se hace presente y se comunica con nosotros, ya que está esperando la oportunidad de hacerlo. El que nosotros intentemos comunicarnos con nuestro ángel lo llena de alegría, y generalmente, durante este primer contacto directo, veremos explosiones de imágenes y símbolos que sólo lograremos descifrar más adelante.
Las experiencias de contacto con el Ángel de la Guarda son tan variadas como las personas que las experimentan, pero, por lo general, en el primer contacto se vive una gran emoción, como la del reencuentro con un amigo muy querido, y la vibración del nombre nos resulta sumamente familiar. Luego se suceden infinidad de experiencias y se les pide ayuda diversa. Se dice que el papa Juan XXIII, antes de reunirse con alguien importante, se encomendaba a su ángel y se lo enviaba al de la otra persona para que el encuentro fuera fructífero. Mediante rezos, las invocaciones del ángel personal, y pidiendo previamente la autorización a Dios, el ángel de otra persona puede tomar nuestra voz para comunicarse directa y efectivamente con la persona que está bajo su cuidado. Estos mensajes muchas veces se transmiten mediante símbolos o imágenes que son específicamente dirigidos a la persona que los recibe, aunque tal vez no pueda entenderlos.
El Ángel de la Guarda también nos permite ser canal de su energía para transmitirla a otras personas, siendo ésta la primera de las vibraciones angélicas que podemos transmitir, dado que el Ángel de la Guarda es el más cercano a nosotros. A través de su energía, que es de infinita alegría, podemos modificar el estado de ánimo de otra persona, ya que estos ángeles personales actúan principalmente sobre el campo emocional. La persona que recibe esta transmisión energética tendrá durante un tiempo una relación más estrecha con su Ángel de la Guarda aunque no sea consciente de ello. Este contacto atrae hacia la persona todo tipo de acontecimientos positivos y se conocen casos en los que esta transmisión produce mejoras y alivios de dolencias físicas, ya que muchas de las enfermedades son de origen emocional.
Obviamente, la práctica en los rezos y rituales angélicos nos permite un contacto más directo y eficaz con nuestro ángel, pero aun sin dominarlas, es importante tomar conciencia de que estamos constantemente acompañados por un ser de luz, que es nuestro mejor y más cercano amigo, ya que está a nuestro lado durante toda nuestra vida.
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