Referencias bíblicas
En toda la Biblia, desde el Génesis hasta el Apocalipsis, aparecen mencionados los ángeles 294 veces. Estas son las referencias más importantes:
Génesis 3, 24
Expulsó al hombre y puso delante del jardín del Edén un querubín, que blandía flameante espada para guardar el camino del árbol de la vida.
Génesis 16, 7 ss.
La encontró el ángel de Yahvé junto a la fuente que hay en el desierto, camino del sur, y le dijo: «Agar, esclava de Sarai, ¿de dónde vienes y adonde vas?...».
Génesis 18, 1-33
El Señor se apareció a Abraham en los sagrados árboles de Mamre. Cuando Abraham estaba sentando a la entrada de su tienda durante la hora más cálida del día, vio a tres hombres, tres ángeles, que están de pie allí. En cuanto él los viera, corrió afuera para encontrarse con ellos. Arqueando su cuello hasta tocar tierra, dijo: «Señores, por favor, no pasen por mi casa sin detenerse; estoy aquí para servirles. Permítanme traer un poco de agua para lavar sus pies y que puedan descansar aquí, bajo este árbol. También traeré un pedazo de comida que les dará fuerza para continuar su jornada. Ustedes me han honrado viniendo a mi casa, así que permítanme servirles».
Ellos contestaron: «Gracias, aceptamos».
Abraham fue deprisa a la tienda y dijo a Sara: «Rápido, coge un poco de nuestra mejor harina, y cuece un poco de pan».
Después corrió a la manada y escogió un ternero que era tierno y gordo, y se lo entregó a un sirviente que se dio prisa para prepararlo. Tomó un poco de crema, algo de leche y de carne, y puso la comida ante los hombres. Allí bajo el árbol se lo sirvió y comieron.
Entonces ellos le preguntaron: «¿Dónde está su esposa Sara?».
«Está allí, en la tienda», contestó.
Uno de ellos dijo: «Nueve meses desde ahora vendrán, y su esposa Sara tendrá un hijo».
Sara estaba detrás de él, escuchando en la puerta de la tienda. Abraham y Sara eran muy viejos, y Sara había dejado de tener sus períodos menstruales. Ella se rió y dijo: «Ahora que soy vieja, ¿puedo disfrutar todavía del sexo? Y, además, mi marido también es viejo».
Entonces el ángel le preguntó a Abraham: «¿Por qué se ríe Sara?».
Y respondió: «¿Puedo tener realmente un niño cuando soy tan viejo? ¿No es esto un trabajo muy difícil para el Señor?».
«Corno ya dije, nueve meses pasarán y Sara tendrá un hijo», respondió el ángel.
Génesis 79, 7-22
Entonces los ángeles salieron y fueron a un lugar donde ellos pudieran mirar a Sodoma, y Abraham fue también.
Y el Señor le dijo: «Yo no ocultaré a Abraham lo que voy a hacer. Sus descendientes construirán una gran poderosa nación, y a través de él Yo bendeciré todas las naciones. Yo lo he escogido para que pueda ordenar a sus hijos y a sus descendientes obedecerme y hacer lo que es correcto y justo. Si ellos lo hacen, Yo haré todo lo que he prometido».
Entonces el Señor siguió diciendo a Abraham: «Hay imputaciones terribles contra Sodoma y Gomorra, y su pecado es muy grande. Debo bajar para averiguar si las imputaciones que he oído son verdad».
Entonces los dos ángeles salieron y siguieron hacia Sodoma, pero el Señor permanecía con Abraham.
Se acercó Abraham al Señor y preguntó: «¿Vas realmente a destruir al inocente y al culpable? ¿Si hay cincuenta personas inocentes en la ciudad, destruirás la ciudad entera? ¿No les perdonarás a todos para evitar la muerte de esos cincuenta inocentes?».
El Señor contestó: «Si yo encuentro a cincuenta personas inocentes en Sodoma, perdonaré a la ciudad entera».
Abraham habló de nuevo: «Por favor, perdona mi intrepidez por continuar habiéndote, Señor. Sólo soy un hombre y no tengo ningún derecho para decir algo. Pero si hay sólo cuarenta y cinco personas inocentes en lugar de cincuenta, ¿destruirás la ciudad entera porque faltan cinco?».
El Señor contestó: «No destruiré la ciudad si encuentro en ella a cuarenta y cinco personas inocentes».
Abraham habló de nuevo: «Quizá solamente haya cuarenta».
Él contestó: «Yo no lo destruiré si hay cuarenta».
Abraham dijo: «Por favor no te enfades, Señor, pero debo hablar de nuevo. ¿Qué pasaría si hay sólo treinta?».
Él dijo: «No lo haré si encuentro treinta».
Abraham dijo: «Por favor, perdona mi intrepidez al continuar hablándote, Señor. Supon que solamente encuentras a veinte».
Él dijo: «No destruiré la ciudad si encuentro veinte».
Abraham dijo: «Por favor no te enfades, Señor, pues sólo hablaré una vez más. ¿Qué pasará si encuentras sólo diez?».
Él dijo: «No lo destruiré si hay diez».
Cuando los dos ángeles llegaron de nuevo a Sodoma, Lot, el sobrino de Abraham, estaba sentado en la puerta de la ciudad. En cuanto los vio, se levantó y fue a su encuentro y les dijo: «Estoy aquí para servirles. Por favor, vengan a mi casa para lavarse los pies y pasar la noche. Por la mañana pueden levantarse temprano y seguir su camino».
Pero ellos contestaron: «No, nosotros no pasaremos la noche aquí en la ciudad».
Él siguió insistiendo, y finalmente fueron a su casa. Lot dijo a los sirvientes que cocieran un poco de pan y preparasen una buena comida para los invitados. Después de comer y antes de que los invitados se acostaran, los hombres de Sodoma rodearon la casa.
Todos los hombres de la ciudad, jóvenes y viejos, estaban allí y preguntaron: «¿Dónde están los hombres que han venido a quedarse esta noche contigo? ¡Tráelos a nosotros!, pues los hombres de Sodoma quieren tener sexo con ellos».
Lot salió fuera y cerró la puerta tras de sí. Les dijo: «Amigos, os lo ruego, no hagáis semejante maldad. Si queréis, yo tengo dos hijas que todavía son vírgenes. Permitidme sacarlas para vosotros, y que podáis hacer cualquier cosa que deseéis con ellas. Pero no hagáis nada a estos hombres, pues son invitados en mi casa, y yo debo protegerlos».
Pero ellos dijeron: «¡Sal de aquí extranjero! ¿Quién eres para decirnos lo que podemos hacer? Fuera de aquí o te trataremos peor que a ellos».
Empujaron a Lot y abrieron la puerta, pero los dos ángeles metieron a Lot dentro de la casa y cerraron la puerta. Luego, volvieron a todos los hombres ciegos para que no pudieran encontrar la puerta.
Los dos ángeles dijeron a Lot: «Si tienes a otros parientes aquí en esta ciudad, sácalos porque vamos a destruir este lugar. El Señor ha oído las terribles palabras de estas personas y nos ha enviado para que destruyamos Sodoma». Entonces Lot fue a buscar a los hombres con los cuales se iban a casar sus hijas y les dijo: «¡Deprisa, salir de aquí, pues el Señor va a destruir este lugar!». Pero ellos pensaron que Lot estaba hablando en broma.
Al alba los ángeles intentaron que Lot se apresurara. «¡Rápido!», dijeron. «Toma a tu esposa y a tus dos hijas y sal fuera, para que así no pierdan sus vidas cuando la ciudad sea destruida».
Lot dudó. El Señor, sin embargo, se apiadó de él y para que todos salieran de la ciudad envió de nuevo a los ángeles. «¡Correr para salvar la vida!», les dijeron. «No miréis atrás y no os detengáis en el valle. Correr a las colinas».
Pero Lot contestó: «No, por favor, no nos hagas hacer esto, Señor. Me has hecho un gran favor y has protegido mi vida, pero las colinas están demasiado lejos; el desastre me dará alcance y me moriré antes de llegar allí. ¿Ves ese pueblo pequeño? Permíteme ir allí, pues en ese lugar estaré seguro».
El ángel le contestó: «Bien, estoy de acuerdo, no destruiré ese pueblo pequeño. ¡Deprisa! ¡Corre! No os haré nada, pero no miréis atrás».
Desde que Lot lo mencionó, ese pueblo se denominó Zoar.
Génesis 22, 11-18
Pero el Ángel del Señor le llamó desde el cielo: «¡ Abraham, Abraham!».
Él contestó, «Sí, aquí estoy».
«No hieras al muchacho, ahora sé que eres honrado y obedeces a Dios, porque ni siquiera has ocultado a tu único hijo». Abraham echó una mirada alrededor y vio un carnero atrapado en un arbusto por sus cuernos.
Lo cogió y se lo ofreció como ofrenda en lugar de su hijo. El Ángel del Señor llamó a Abraham desde el cielo nuevamente: «Yo te bendigo y te daré bienes, pues no ocultaste a tu único hijo de mí. Te prometo que te daré tantos descendientes como estrellas hay en el cielo o granos de arena a lo largo de la costa. Tus descendientes conquistarán a sus enemigos y todas las naciones me pedirán que los bendiga como he bendecido a tus descendientes».
Génesis 24, 7
Yahvé enviará a su ángel ante ti...
Génesis 28,12
(Visión de la escala)... y que por ella subían y bajaban los ángeles de Dios.
Génesis 32, 1 ss.
Jacob prosiguió su camino, y le salieron al encuentro ángeles de Dios...
Éxodo 23, 20
Yo enviaré un ángel delante para protegerlo cuando viaje y para llevarlo al lugar que he preparado.
Éxodo 23, 23
Pues mi ángel marchará delante de ti...
Reyes 19, 5
Y cuando él dormía bajo un árbol, un ángel lo tocó y le dijo: levántate y come.
Tobías 5, 21
Puesto que un ángel bueno le acompaña, tendrá un viaje feliz y volverá sano.
Tobías 12, 15
Yo soy Rafael, uno de los siete santos ángeles que presentamos las oraciones de los justos y tienen entrada ante la majestad del Santo.
Isaías 6, 2-7
Alrededor de él estaban de pie las criaturas, cada una de ellas con seis alas. Cada criatura cubría su cara con dos alas, su cuerpo con dos, y usaban las otras dos para volar. Todos estaban convocando a los hombres: «¡Santo, santo, santo! / ¡El Señor es omnipotente y santo! / Su gloria llena el mundo».
El sonido de sus voces sacudió el templo, y el propio templo se llenó de humo.
Yo dije: «No hay esperanza para mí, pues me condenaré porque cada palabra que sale de mis labios es pecadora, y vivo entre personas cuyas palabras son pecadoras».
Entonces una de las criaturas voló abajo y llevando un carbón ardiente que había cogido del altar, tocó mis labios y dijo: «Esto ha tocado tus labios, y ahora tu culpa y pecados han sido perdonados».
Ezequiel 1, 4-28
Yo buscaba cobijo y vi un huracán que venía del norte. Los relámpagos provenían de una nube grande, y el cielo a su alrededor brillaba. Donde el relámpago estaba encendido, algo brilló de un intenso color bronce. En el centro de la tormenta vi lo que parecían cuatro criaturas vivientes con forma humana, pero cada una de ellas tenía cuatro caras y cuatro alas. Sus piernas eran rectas, y tenían pezuñas como la de los toros. Todos brillaban de un bronce pulido. Además de sus cuatro caras y cuatro alas, cada uno tenía cuatro manos humanas, una bajo cada ala. Dos de las alas de cada criatura se extendieron fuera para formar un cuadrado, con sus alas inclinadas tocándose. Cuando se movieron lo hicieron como si fueran un solo cuerpo. Cada ángel, pues eso es lo que eran en realidad, tenía cuatro caras diferentes: una cara humana delante, la cara de un león a la derecha, la cara de un toro a la izquierda, y la cara de un águila en la parte de atrás. Se levantaron dos alas de cada ángel para tocarse por las puntas y sus otras dos alas se plegaron contra sus cuerpos. Cada ángel se puso enfrente a una de las cuatro direcciones. Entre los ángeles había algo que parecía una antorcha llameante y en constante movimiento. El fuego ardía y disparaba fuera las llamaradas, mientras que los ángeles iban de un lado a otro con la velocidad del relámpago. Cuando yo estaba mirando a los cuatro ángeles, vi cuatro ruedas que tocaban la tierra, una al lado de cada uno de ellos. Las cuatro ruedas eran iguales; cada una brillaba como una piedra preciosa, y cada una formaba un ángulo recto para que las ruedas pudieran entrar en cualquiera de las cuatro direcciones. Se cubrieron entonces los márgenes de las ruedas con ojos y siempre que las criaturas se movían las ruedas lo hacían con ellos, y si los ángeles subían lo hacían las ruedas. Los ángeles iban dondequiera que deseaban, y las ruedas hacían lo mismo porque los ángeles las controlaban. Sobre las cabezas de los ángeles había algo que parecía una cúpula hecha de cristal deslumbrador. Había estado protegida por los ángeles, cada uno con dos alas para cubrirla. Oí el ruido de sus alas en vuelo; parecía el rugido del mar, como el ruido de un gran ejército, como la voz de Dios Omnipotente. Cuando dejaron de volar, plegaron sus alas, pero todavía estaba la gran cúpula cubriendo sus cabezas. Sobre ella estaba un trono hecho de zafiro, y sentada en el trono había una figura que parecía un hombre. La figura brillaba de color bronce en medio de un fuego, con una luz luminosa que tenía todos los colores del arco iris.
Ezequiel 1, 5-6
Fuera de allí había cuatro criaturas vivientes parecidas a un hombre. Cada uno tenía cuatro caras y cuatro alas.
Daniel 3, 49
Pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros...
Daniel 6, 22
Mi Dios ha enviado a su ángel...
Daniel 7, 9-10
Mientras yo estaba mirando, llegaron ángeles al lugar. Uno de ellos se sentó en el trono. Su ropa era blanca como la nieve, y su pelo parecía de pura lana. Su trono, en llamas, estaba ardiendo con fuego, y un arroyo de fuego salía fuera. Había muchos miles de las personas allí para servirlo, y millones de personas estaban de pie ante él. La corte empezó su sesión, y los libros fueron abiertos.
Daniel 9, 27
Sí, mientras estábamos hablando y orando, incluso el hombre Gabriel a quien yo había visto al principio en la visión, echó a volar rápidamente.
Daniel 10, 5-7
Entonces yo alcé los ojos y miré a un hombre vestido con lino y en cuyos lomos llevaba oro fino. Su cuerpo también estaba adornado con berilos (esmeraldas), su cara muy delgada tenía ojos como lámparas de fuego, sus brazos y pies eran de color latón pulido, y su voz podía oírse entre la multitud. Solamente yo, Daniel, vi la visión, pero los hombres que estaban conmigo no, aunque se pusieron a temblar y se escondieron.
Entonces alcé los ojos y vi a dos mujeres, y el viento movía sus alas; porque ellas tenían alas como las alas de una cigüeña, y se elevaron entre la tierra y el cielo.
Daniel 10, 12-14
En ese momento el ángel me dijo: «No temas, Daniel, porque desde el primer día que pusiste tu corazón para entender y para humillarte ante Dios, tus palabras fueron oídas, y yo he venido debido a tus palabras. Ahora tengo que hacer entender lo que pasará a las personas en los últimos días, pero esto se refiere todavía a muchos días lejanos».
Zacarías 7, 9-79
Le preguntó el ángel: «Señor, ¿qué significan estos caballos?». Él contestó: «Yo te mostraré lo que quieren decir. Han sido enviados para inspeccionar la tierra. He estado recorriendo el mundo y encontrado que el débil está desvalido y dominado». Entonces le preguntaron: «Señor omnipotente, has estado primero a favor y ahora enfadado con Jerusalén y las ciudades de Judá, ¿cuánto tiempo debe pasar aún para que les muestres misericordia?».
El Señor contestó al ángel con palabras reconfortantes, y el ángel me dijo que proclamara lo que el Señor había dicho: «Tengo un amor profundo por Jerusalén, mi ciudad santa, y estoy muy enfadado con las naciones que disfrutan callando. Pero mientras yo estoy deteniendo mi enojo contra esas personas, las naciones han hecho sufrir más a otras personas. Cuando yo regrese a Jerusalén para mostrar misericordia a esta ciudad, mi templo se restaurará, y la ciudad será reconstruida». El ángel también me dijo que proclamara: «El Señor dice que sus ciudades serán de nuevo prósperas y que El ayudará a Jerusalén una vez más».
En otra visión vi cuatro cuernos de buey y pregunté al ángel que había estado hablándo-me: «¿Qué significan estos cuernos?». Él contestó: «Simbolizan los poderes mundiales que han esparcido a las personas de Judá, Israel y Jerusalén».
Mateo 1, 20
Pero mientras él pensaba en estas cosas, vio aparecerse al ángel del Señor en un sueño que le dijo: «José, hijo de David, no temas coger a María como tu esposa, pues lo que ella va a concebir será algo santo».
Mateo 11, 30
Los ángeles son completamente espirituales o personas incorpóreas.
Mateo 13, 41-42
El Hijo de hombre enviará sus ángeles, y ellos recogerán fuera de su reino todas las causas de pecado y a todos los malhechores y los tirará en el horno de fuego; allí llorarán y rechinarán sus dientes.
Mateo 18, 10
Algunos de ellos adoran a Dios y consiguen su felicidad.
Mateo 25, 41
Entonces Él dirá a aquellos que están a su mano izquierda: «Apartaros de mí, os maldigo, ir al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles».
Mateo 26, 53
¿O crees que no puedo rogar a mi Padre, quien pondría a mi disposición al punto más de doce legiones de ángeles?
Lucas 1,11
Y el ángel contestó: «Yo soy Gabriel que está siempre frente a Dios y me ha enviado para que hablara y traerle estas buenas noticias».
Lucas 1, 26-38
En el sexto mes Dios envió al arcángel Gabriel a un pueblo en Galilea llamado Nazaret. Tenía un mensaje para una muchacha prometida en matrimonio a un hombre de nombre José que era descendiente del Rey David. El nombre de la muchacha era María.
El ángel llegó hasta ella y dijo: «¡La paz esté contigo! ¡El Señor está contigo y te ha bendecido grandemente!». María se atemorizó profundamente por el mensaje del ángel, y preguntó lo que significaban sus palabras.
El ángel le dijo: «No tengas miedo, María; Dios te ha bendecido con su gracia. Te quedarás embarazada y darás a luz a un hijo, al que llamarás Jesús. Él será grande y se llamará Hijo de Dios. El Señor Dios le hará un rey, como su antepasado David lo era, y será para siempre el rey de los descendientes de Jacob y su reino nunca acabará».
María dijo al ángel: «Yo soy una virgen, ¿cómo, entonces, puede suceder esto?».
El ángel contestó: «El espíritu santo vendrá a ti y el poder de Dios descansará en ti. Por esta razón el niño santo se llamará Hijo de Dios».
María dijo: «Soy la sirviente del Señor; hágase en mí cuanto Él ha dicho». Y el ángel la dejó.
Lucas 2, 9-14
Estos seres espirituales comprenden la corte celestial y son denominados umversalmente como ángeles porque llevan a cabo misiones ordenadas por Dios. Para completar estas misiones frecuentemente adoptan formas corporales, siendo algunas de ellas especialmente significativas, como la Anunciación.
Hechos 5, 17-21
Cuando llegó un sacerdote a la fiesta de los saduceos, lleno de celos mandó arrestar a los apóstoles y los envió a prisión. Pero por la noche un ángel abrió las puertas de la cárcel y los sacó diciendo: «Ir hasta el templo de nuevo y hablar a las personas sobre la Vida Eterna». Y cuando oyeron esto, entraron en el templo al alba y enseñaron.
Hechos 8, 26-29
Pero un Ángel del Señor dijo a Philip: «Levántate y vete hacia el sur al camino que baja de Jerusalén hasta Gaza». Y se fue y vio a un etíope, un eunuco, un sacerdote, a la reina de los etíopes, cargados con todos sus tesoros, que había venido a Jerusalén para rendir culto y ahora regresaban. Sentado en su carro, el ángel que estaba leyéndole al profeta Isaías le dijo a Philip: «Sube a este carro».
Hechos 12, 5-8
Una noche, Pedro estaba encerrado en prisión y se puso a rezar a Dios. Al poco, Herodes envió a sus soldados para ajusticiarlo y entraron dos soldados para quitarle las cadenas, mientras otros dos guardaban la puerta. Apareció entonces un ángel brillando con luz intensa y pidió a Pedro que se levantara, mientras le soltaba las cadenas. El ángel le dijo: «Vístete y ponte las sandalias. Ponte tu manto y sigúeme».
1 Corintios 4, 9
Hemos venido a ser espectáculo para el mundo, para los ángeles y para los hombres.
1 Corintios 11, 10
Y las mujeres deben llevar la señal de la sujeción por respeto a los ángeles.
2 Corintios 11, 14
Satanás se disfraza como un ángel de luz.
2 Corintios 11, 13-15
Hay hombres que son apóstoles falsos, obreros engañosos, que se enmascaran como apóstoles de Cristo. No es extraño, pues Satanás finge y tiene muchas caras y sus sirvientes también se enmascaran como personas de rectitud, pero por sus hechos les descubriréis.
Calatas 1, 8
Pero aunque nosotros o un ángel del cielo os anunciasen otro Evangelio distinto del que os hemos anunciado, sea anatema.
Calatas 3, 19
La Ley fue promulgada por los ángeles.
Calatas 4, 14
Como a un ángel de Dios, y como a Cristo Jesús.
Colosenses 2, 10
Él es la cabeza de todo principado y potestad.
Colosenses 1, 16
En Él fueron creadas todas las cosas del cielo y de la tierra, las visibles y las invisibles; los tronos, las dominaciones, los principados, las potestades; todo fue creado por Él y para Él.
2 Tesalonicenses 1, 7
Pues es justo a los ojos de Dios retribuir con tribulación a los que atribulan, y a vosotros, atribulados con descanso en compañía nuestra en la manifestación del Señor Jesús desde el cielo con sus milicias angélicas.
1 Timoteo 5, 21
Delante de Dios, de Cristo Jesús y de los ángeles elegidos, te conjuro que hagas esto sin prejuicios, guardándote de todo espíritu de parcialidad.
Hebreos 7, 4
Cristo fue hecho tanto mayor que los ángeles, cuanto heredó un nombre más excelente que ellos.
Hebreos 1, 4-9
¿Pues a cuál de los ángeles dijo alguna vez: «Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy? ¿Yo seré para Él Padre, y Él será Hijo para mí?».
Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice: «Adórenle todos los ángeles de Dios».
De los ángeles se dice: El que hace a sus ángeles espíritus y hace a sus ministros llamas de fuego.
Hebreos 12, 22
Pero vosotros os habéis allegado al monte de Sión, a la ciudad de Dios vivo, a la Jerusa-lén celestial y a las miríadas de ángeles...
1 Pedro 3, 22
Demandando a Dios una buena conciencia por la resurrección de Jesucristo que una vez sometidos a Él los ángeles, las potestades y las virtudes, subió al cielo y está sentado a la diestra del Padre.
2 Pedro 2, 4
Porque Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que precipitados en el tártaro, los entregó a las cavernas tenebrosas, reservándolos para el juicio.
2 Pedro 2,11
Audaces, pagados de sí mismos, no temen blasfemar que las glorias, cuando los ángeles, aun siendo superiores en fuerza y poder, no porfieren ante el Señor un juicio injurioso contra ellos.
Judas 7, 6
Y como a los ángeles que no guardaron su principado y abandonaron su propio domicilio, los reservó con vínculos eternos bajo tinieblas para el juicio del gran día.
Apocalipsis 5, 77
Vi y oí la voz de muchos ángeles en rededor del trono.
Apocalipsis 7, 11
Y todos los ángeles estaban en pie alrededor del trono.
Apocalipsis 14, 6
Y yo vi otro ángel volar en medio del cielo y predicar el Evangelio en la tierra, y a cada nación, y pariente, lengua, y persona.
Apocalipsis 19, 10; 22, 9
Y yo caí a sus pies para rendirle culto, y el ángel me dijo: «No lo hagas, yo soy un siervo como vosotros, un hermano de los profetas que da testimonio de Jesús y pide el culto a Dios».