Junto a la adoración a los ángeles surgió, casi con el mismo ímpetu, la servidumbre a Satanás, aunque la mayoría de las personas, incluso los no creyentes, consideran esas creencias como maléficas, equivocadas y frecuentemente dañinas. Algunos no pueden ni siquiera encontrar una motivación para interesarse realmente por estas creencias, en parte porque no las consideran «serias». Sin embargo, y si admitimos como cierta la presencia de los ángeles entre nosotros, del mismo modo tendríamos que creer en la existencia de Satán, pues ambos están ligados a la misma divinidad. Ese es el argumento que esgrimen los adoradores del Diablo para reclamar los mismos derechos que los angélicos, insistiendo en que no deberían ocultarse las inclinaciones hacia los postulados de Satán y ni siquiera a ser considerados como «satánicos», pues los verdaderos satánicos se muestran en sus acciones, no en su retórica. Llegado a este punto, declaran que ellos no son malvados, ni incitan al mal, sino que simplemente han elegido como divinidad al príncipe de los demonios, alegando que todos los países y culturas tienen sus propios ídolos divinos. Ancestralmente el Satanismo, ahora plenamente con mayúsculas, no es una religión fortuita, pues ya sabemos que es más antigua que la cristiana y una prueba de ello es que Jesucristo habló cientos de veces contra el Demonio. Sin embargo, ¿quién es capaz de defender la libertad de culto de un adorador de Satán? Muchas religiones ahora son objeto de revisión y hasta el Papa ha dicho que no existe Dios, ni el Demonio, ni el Cielo o el Infierno, y que todo es una metáfora bíblica para explicar lo bueno y lo malo, el castigo y el premio. Los ritos introducidos por cada secta se basan en modificaciones aportadas a ritos preexistentes. En líneas generales, se puede decir que los ritos satánicos sirven a los fines del celebrante y son un conjunto de gestos y palabras orientados a provocar un cambio de las situaciones o acontecimientos que se considera que no se pueden obtener a través de medios comunes.
El rito principal de todo grupo satanista, es decir, la misa negra, ha sido descrito por La Vey en varios libros suyos y los diversos grupos satánicos introducen modificaciones respecto al rito aplicado por La Vey, quien lo ha establecido siguiendo el modelo de las más antiguas misas negras europeas, y que se inspira, entre otros, en los escritos del poeta Charles Baudelaire y de Charles Georges Huysmans.
El acto es oficiado por un celebrante, un diácono y un subdiácono; como instrumentos se usan algunos cirios, un pentáculo invertido, un cáliz lleno de vino o de licor, una campanilla, una espada, un aspersorio o falo, y un crucifijo invertido; también se usa una hostia consagrada. El rito imita, más o menos, el de la misa católica con las oraciones recitadas en latín, inglés y francés, y en lugar de invocar el nombre de Dios, se invoca el de Satanás; se invocan también nombres de diversos demonios; se recita el Padrenuestro en sentido contrario y negativo (... que estás en el Infierno); se lanzan invectivas contra Jesucristo, y la hostia es profanada de varias maneras (utilizándola en prácticas sexuales, pisoteándola...).
En general, es difícil dar una definición unívoca de las creencias a las que se refiere una determinada secta satánica. Por ejemplo, el satanismo introducido por La Vey, en algunos aspectos ve el mal como fuerza vital e impersonal, objeto de un culto -a través de rituales precisos- por medio del cual se pueden dominar las facultades destructivas propias de tal fuerza; por otro lado, resulta claro que La Vey, en algunos ritos se dirige al demonio como a un ser personal, creando, por tanto, la ambigüedad de fondo, típica del ambiente satanista.


<<< Volver al índice de Ángeles