Todas las religiones creen en los ángeles, y aunque los denominan de diferentes formas, en esencia se trata de seres casi perfectos, con la misión universal de cuidar y orientar a los hombres. También describen el Cielo como un lugar que está perfectamente estructurado y en el cual es difícil que pueda darse algún nuevo espíritu díscolo que sea capaz de perturbar la paz allí reinante, algo imprescindible cuando lleguen los millones de seres humanos que están esperando entrar por méritos propios. Los creyentes en Dios por fuerza tendrán que creer en los ángeles y en la divinidad de Jesucristo, por lo que no les será difícil contactar con su Ángel de la Guarda. No obstante, sólo dispondrá del suyo si piensa en él, si le llama, le consulta y si está convencido de que está a su lado. Lo mismo que luego veremos con otras creencias, concretamente con los demonios, los ángeles sólo se aparecen cuando la persona que les convoca cree sin dudar en ellos. Si necesita dibujarles en su mente con alas, vistiendo túnica blanca, con rostro de mujer y cuerpo de varón, siga haciéndolo, pues les resulta fácil adoptar cualquier forma que les pueda identificar cuando se materializan.
Cada vez que deciden aparecer visualmente ante nosotros, han sido descritos como seres humanos sencillos, como es el caso de aquel que se apareció a Abraham y con el cual compartieron una comida basada en tortas de harina y leche fresca. También comió con los humanos el arcángel Rafael cuando estuvo con Tobías, aunque luego aseguró que era mentira, pues había simulado comer.

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